A las puertas de la Navidad

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Estamos casi a las puertas de la Navidad, esta fiesta con un significado profundo que sin embargo se ha convertido en la “fiesta del comercio”, quizás en el momento del año en el que más dinero se gasta. Con dos o tres meses de anticipación los centros comerciales, almacenes, ventas ambulantes, etc. empiezan con el anuncio de que se acerca la Navidad, con el sólo propósito de vender sus productos. Igual pasa con las tarjetas de crédito, invitando a comprar ahora y empezar a pagar en el 2017. La firma de un “voucher” tiene menor impacto que sacar billetes y hacer el pago. Pagando “cash” se puede ver literalmente como “la plata” se va. Resulta fácil engañarse y auto convencerse de que en enero, febrero o marzo del 2017 si va a haber el dinero suficiente para pagar la deuda contraída con la tarjeta de crédito.

La realidad es que estamos viviendo una crisis económica que se evidencia cada vez más en números reales. Muchos padres de familia han perdido sus trabajos y tienen dificultades para enfrentar los gastos mensuales.

Este es un buen momento para replantearse los valores que se han perdido, para reflexionar en familia que las personas valen por lo que son, no por lo que tienen, que enriquece mucho más dar que recibir, que hay mucha gente alrededor que sufre soledad, que ansía una sonrisa, un oído amigo, un momento de afecto.

Qué fácil es estar ajeno a los demás, absorto en “mis” cosas…

Qué esfuerzo ponemos para enseñar a nuestros hijos a ser amables, agradecidos, abiertos a las necesidades de los demás? Qué ejemplo reciben de nuestra parte?

Vivamos una Navidad distinta, compartida, generosa, dándole ese sentido de solidaridad que le es propio, procurando dar un momento de alegría a una persona que está triste y poniendo todo el esfuerzo para estrechar más los lazos familiares.

Dora de Suárez

La Fiesta de la Lectura

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Para hablar de la lectura no encuentro otro camino que partir de mi experiencia en tanto lectora. Para mi, la lectura no es una actividad para obtener conocimiento porque el conocimiento no se obtiene como un objeto del mercado, al contrario, el conocimiento tiene la cualidad desconcertarnos pues suele escurrirse, escaparse. Por eso, no en vano solemos escuchar las frases: “Amor al conocimiento“ o “Pasión por la lectura”. No conozco nada que se nos escape más que el amor y el ser amado.

La lectura puede ir, al menos, en dos direcciones: apunta a iluminar algo obscurecido o, a veces, a esconder algo excesivamente expuesto, como ocurre en la poesía. Leer es ante todo un acto de búsqueda que como toda verdadera búsqueda no sabe muy bien desde dónde parte ni adónde se dirige. Como un navegante el buen lector se lanza a la travesía tan solo con el deseo y la curiosidad como brújulas.

Sí, leer es antes que nada una emoción que se nos impone en el cuerpo. Más allá del hábito, del trajín diario, del tedio; la lectura es un refugio que nos protege en las tardes melancólicas, en las madrugadas aturdidas por el sobresalto, o, incluso, sin advertirlo, se escabulle como un polizón en el bus mientras somos trasladados vertiginosamente de la casa al trabajo o de la casa al colegio. El libro es un paréntesis que decidimos abrir. Pero ¿qué es un paréntesis y para qué sirve?, diré en principio que su función es separar algo que por estar demasiado cerca se nos confunde. El DRAE nos dice que paréntesis significa: intercalación; y en su tercera acepción señala que es: suspensión o interrupción.

El libro entonces, como un paréntesis, interrumpe algo. Suspende nuestro cuerpo y todo lo que en él habita: emociones, pensamientos, humores, deseos. Eso que interrumpe, me parece, es la relación del sujeto con la realidad inmediata. Ése paréntesis que abrimos nos separa del mundo; pero no para anestesiarnos o hacernos indiferentes a los otros humanos con quienes convivimos. No, la lectura es una separación que no nos aísla como sí lo hacen los objetos de las telecomunicaciones: tablets, celulares, etc. Y la diferencia radical entre éstos y un buen libro es que el libro nos introduce en otra realidad más lenta y por lenta más humana. Los objetos tecnológicos, por el contrario, nos aíslan en un espacio virtual donde no hay tiempo y sin él se anulan las posibilidades de resonancias. Muchas veces no hay ni si quera el encuentro con una palabra viva que nos brinde la posibilidad de conmovernos o de contemplar. Tan solo nos ofrecen imágenes interminables, una tras otra hasta la eternidad. ¿No parece esta una escena infernal? ¿Condenados a la velocidad cuando todo lo humano es aliado del tiempo y su transcurrir? ¿Qué sería de la música, del amor, de los viajes, de los niños, si no contáramos con el tiempo y su lentitud?

Mientras nuestros dedos patinan sobre la pantalla del último Iphone, subiendo y bajando, desorientados y sin descanso; los dedos de un lector de libros sostienen con su pulso el borde de las páginas, unas páginas que huelen, tienen textura, que nos dejan hacer sobre ellas alguna anotación, en fin, una materia que no nos impone deslizarnos y rodar sino detenernos y percibir. La invitación de hoy es a abrir el paréntesis para separarnos un poco del incesante deslizarnos, y, en su lugar, darnos el tiempo de saborear las palabras que se nos ofrecen en las páginas, a hacerlas parte de nuestro cuerpo.

Casandra Indriago

Educar con Paciencia

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La paciencia es una virtud indispensable para educar. Los hijos, en su camino de aprendizaje de la vida, son personas poseedoras de un carácter determinado, que deben ir puliendo a través de las incidencias de cada día. No son como robots a los que se programa para que hagan lo que uno quiere.

Cuando son chiquitos tienen pataletas, rabietas, hacen lo contrario de lo que se les pide, inclusive para probar a los padres, que con frecuencia pierden la paciencia y actúan de una manera que no ayuda para que los niños aprendan a dominar su carácter. Muchas veces los padres tratan a sus hijos pequeños como si fueran personas adultas y esperan una lógica y un comportamiento que aún no poseen, no han aprendido todavía lo que es vivir en sociedad.

Igual cosa sucede cuando los chicos van creciendo y muchas veces se ponen altaneros y desobedientes, y los padres entran en “ese juego” y dicen una serie de cosas de las que luego se arrepienten.

Qué hacer para mantener la calma frente a esas situaciones?

  • Calmar los ánimos alterados antes de reprender.
  • No tomarse el asunto como personal.
  • Buscar posibles causas más profundas que lleven a un comportamiento inadecuado.
  • Recordar que los niños y jóvenes pasan por diferentes etapas en su desarrollo.
  • No dramatizar.
  • No agobiarles insistentemente con críticas, ver sobre todo las cosas positivas.
  • Buscar un equilibrio, si lo único que reciben son órdenes, van a reaccionar.
  • Evitar etiquetas y comparaciones, cada hijo es único.
  • No dejar que la educación de los hijos se convierta en una carga.

Estos son unos simples lineamientos que pueden ayudar, sin embargo cada familia es única y debe buscar lo que más eficaz le resulte para educar desde la paciencia.

Dora de Suárez

Guaguas de Pan del Sauce

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Su figura de anciana venerable se desliza a través de los viejos sauces de nuestro campus. Súbitamente hace su aparición e increpa a sus profesoras: “¿¡Cómo se les ocurre!? ¿No saben que los niños, si es posible, deben comprender todo el proceso, desde que el grano de trigo se pierde en la tierra, para, enraizado en la vida, morir de nuevo y convertirse en pan, y nuevamente, como si de un ciclo se tratara, continuar dando vida; seguir viviendo en los niños?”. Era un 28 de octubre, pretendíamos, bajo la inspiración de ella, continuar con la tradición “saucense”, implementada en el Colegio desde hace algunos años atrás: ir descubriendo paso a paso, con nuestros niños, nuestra cultura en sus tradiciones; mas, por sugerencia de alguna de nuestras compañeras se nos ocurrió ahorrar tiempo, suprimiendo la parte más laboriosa: amasar. Por lo mismo, compramos masa pre-cocida en una de las panaderías de Tumbaco… Pero, ya ven, más nos habría valido no escuchar a la compañera de la feliz iniciativa y tener presente la filosofía de nuestra sabia fundadora, Margarita Speck de Mena.

Este año no ha sido la excepción, hemos continuado con la tradición, con un plus: los jóvenes se integraron a la fiesta del pan de los pequeñitos; con su entusiasmo procuraron ofrecer alegría, entretenimiento, diversión a los niños. Tampoco fue excepción en las expresiones de enorme ternura: en ocasiones se encuentra a algunas niñas y algunos niños, como en silencio, como a escondidas, como un secreto personal, guardando pequeñas porciones de colada y sus panecitos hechos por ellos, para llevar a sus mamás.

captura-de-pantalla-2016-11-03-a-las-9-08-09-p-mNo solamente aquello, sino un nuevo plus en este año: Homero, padre de familia, chef, profesor de la San Francisco; de esos padres y madres de familia que con su característica generosidad, nuestra familia –El Sauce- los tiene en abundancia-, nos visitó, y no sólo nos visitó, vino acompañado de un especialista en panadería y pastelería, Milton Cepeda, también profesor de la misma Universidad. Le invitó para que nos enseñara los secretos de preparar la masa, hacer la masa, hornearla para disfrutar de un pan delicioso, de excelente calidad. Nos revelaron algunos secretos de sus respectivos oficios; mas aun, secretos para saber vivir bien la vida en una sociedad cambiante: “puedes darte la libertad de agregar ingredientes en cualquier plato que prepares, menos en el pan o en pastas; en ellas, sigue rigurosamente las instrucciones”, nos dijo Milton; Homero, a su vez, avanza un poco más, nos felicita por cultivar la tradición de descubrir los valores de nuestra cultura a través de actividades como la que estábamos realizando colectivamente, en minga, y nos anima para mantenernos fieles a nuestro espíritu de emprendimiento.

Silvia García