Lectura, una noble misión de padres y maestros

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El mes de abril está dedicado a la lectura, fuente inagotable de información, cultura y acceso a muchos conocimientos; además, un gran entretenimiento con múltiples beneficios para la formación integral del lector.

A través de la lectura se aumenta el vocabulario, se alimenta la imaginación y la creatividad: se mejora la expresión verbal y escrita, se mejora la ortografía, ayuda a la concentración.

Es un deber social ineludible de las familias, sobre todo, de los padres, de los maestros incentivar la lectura en niños y jóvenes. Un buen lector se forma desde antes de nacer; la madre tiene especial responsabilidad e influencia en tan grave y gran misión; la misión de motivar y estimular en sus hijos el interés por la lectura.  Es difícil, sino imposible lograr buenos lectores en jóvenes y niños, si no hay el respaldo de buenos lectores en el hogar y  en el colegio. Esa es la gran misión de padres y maestros. No es posible cosechar los frutos de la lectura si no hay sembradores de tan preciosa semilla. El hábito de la lectura empieza a formarse desde muy temprana edad,  a través precisamente de lectura de cuentos propiciada básicamente en el hogar, por la dedicación y amor de la madre y del padre, ya leyendo cuentos directamente, ya narrando anécdotas e historias familiares; facilitando el acceso a libros, que puedan mirar, hojear, leer; cuidándolos como a hermanos, como a compañeros, como a maestros, que suscitan dentro de cada niño el despertar del maestro interior.. 

Conviene encontrar un momento durante el día, dedicado a la lectura, procurando convertirlo en un hábito. Es esencial que el encuentro con el libro tenga la dimensión lúdica; el acercamiento al libro debe ser una actividad divertida; lejos de ella la sensación de pesadez y aburrimiento. Conversar y comentar sobre las lecturas e intercambiar libros, pueden ser actividades muy estimulantes. Se cuenta de una madre que encomendaba a sus hijos, conforme a su edad, la lectura de determinadas obras, fijándoles un tiempo para que presenten en familia, a la hora del almuerzo, un comentario, una reseña, una crítica de la obra leída. Así aquella madre formó excelentes lectores, excelentes ciudadanos.

Ocupa lugar importante en la formación de los niños y jóvenes lectores “dosificar” la lectura. Para ello, personas doctas en el tema, como Rodríguez Castelo tienen excelentes guías de lectura; cosa similar sucede con algunas editoriales; pues contratan técnicos que recomiendan, acorde a la edad, las obras apropiadas para el joven lector, para el niño lector.

Despertar en nuestra hija o hijo, el afán por nuevas obras, para “devorarlas” será una de las grandes satisfacciones que lograremos en nuestra misión de educadores-maestros,  maestros-educadores.  No se explica la educación sin la lectura, ni la lectura sin la educación. Eh, ahí nuestra sagrada y noble misión de educadores y padres de familia: ¡Convertir a cada libro que pase por las manos de nuestros hijos en uno de sus mejores amigos!

Dora Mena de Suárez