PROSOCIALIDAD

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Los seres humanos somos, por naturaleza, seres sociales, convivimos y juntos construimos la sociedad. Somos iguales pero a la vez distintos, nos necesitamos unos a otros y aprendemos unos de otros.

Las personas tenemos un sinnúmero de buenas cualidades, habilidades y destrezas, pero también debilidades y carencias. En la convivencia nos complementamos, aportamos nuestras fortalezas y también procuramos mejorar en aquello en lo que fallamos, con la ayuda de los otros y siempre en pro de una sociedad más armónica.

Una de las dimensiones del ser humano son las emociones; aprender a manejarlas y tener el control sobre ellas es determinante en la relación de convivencia con los demás. Este comportamiento es algo que se aprende en la vida, en los diferentes contextos que el ser humano se desenvuelve. El hogar y la escuela/colegio son espacios importantes en la formación del niño y el joven . Aquí se sentarán las bases que en el futuro le permitirán actuar de una u otra manera.

La Prosocialidad “engloba todas aquellas conductas, comportamientos y acciones en favor de los otros”, sin buscar beneficio alguno pero que genera un efecto recíproco.

Ponerse “en los zapatos del otro” para poder comprender mejor sus necesidades y, a través de acciones, de palabras de aliento, de disposición de escucha, del reconocimiento del valor de la otra persona y sus ideas, ser un elemento positivo y de ayuda.

Como cuando se lanza una piedra en un estanque se producen ondas que van más lejos. El comportamiento que nace de saber ver las necesidades de los demás, genera beneficios hacia otras personas.

Dora Mena de Suárez