Vacaciones

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Llegado el invierno, -“Dame de tu comida, porque desfallezco de hambre, dijo la cigarra que se había pasado solo cantando, sin trabajar, durante todo el verano, mientras la hormiguita había trabajado muy duro para recoger suficiente comida, a fin de tener reserva en época de invierno, en el cual no se ciega ni se cosecha. La hormiguita, temerosa por su propia seguridad, le contestó: -Ahora te toca bailar, pues ya cantaste durante todo el verano”.

¿Son las vacaciones un tiempo improductivo, un tiempo de hacer nada?

Todo lo contrario, puedes convertirlas en el tiempo más precioso de tu vida. Imagina todo lo que se pone a tu alcance: la posibilidad de elegir entre muchas opciones, el mismo sabor fresco de sentirse libre para sembrar y cosechar; sembrar y cosechar en tu propio espíritu.

Tú puedes, en ese tiempo de sol y de viento, sembrar alegría, abriendo el espíritu como la espiga de trigo al sol, como los lirios del campo al viento.

Observa por un momento el fuego de un leño y el agua de un arroyo; cómo el fuego no se queda quieto un solo instante, produce lumbre y calor, lo purifica todo; cómo el agua baja de las montañas, cristalina, abriéndose paso, saltando entre las piedras. Nunca el arroyo guardó el agua para sí mismo, ni el leño guardó la llama para sí mismo.

Tú, igual que el trigo, que el arroyo, que la lumbre y el leño, no guardes tu riqueza en sitio oscuro y aislado; al contrario, ofrécela al mundo en este tiempo de verano, tiempo de sol y de viento, tiempo de amistad y de creatividad. ¡Cómo tu espíritu será enriquecido con la danza de la vida, el arte y la poesía, el deporte, la natación y el campo; cómo puedes con ese alimento de verano enriquecerte y ser más fuerte interiormente; cómo tus relaciones en casa, en tu ambiente, con amigos y con los que sufren, puedes transformarlo en un canto de amor!

Convierte pues a este tiempo de verano, de sol y de viento, en tiempo de hacer nada. ¡No!, sino en tiempo de hacer todo; todo lo maravilloso para tu crecimiento y el crecimiento de tus seres queridos. Haz de este verano -tiempo de sol y de viento- un canto a la vida. Y luego, cuando todo acabe, puedas mirar al cielo, dibujando en tu rostro la más preciosa sonrisa de acción de gracias por ella –por la vida- que es, conforme a la canción, “toda ella un solo canto”, un canto que merece ser cantado, como diría Borges, “cometiendo los mismos errores del ensayo”.

VERANO, UN TIEMPO PARA LA VIDA

Silvia García Gaibor