Valores, una tradición del Sauce. Reflexión

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“El Sauce” ha mantenido una tradición fundamental para la formación de nuestras niñas, niños y jóvenes, conjuntamente con sus hogares –sus familias: usted, querida madre, querido padre de familia-: la reflexión y práctica de valores; convencidos, como lo estamos de corazón, que el reiterado ejercicio de ellos, hace de nuestros estudiantes, seres virtuosos, dignos de vivir y alcanzar la felicidad.

En este nuevo período académico hemos escogido un valor fundamental para la convivencia, con el que queremos iniciar  con paso firme en la formación de ellos; tarea en la cual anhelamos su decida, entusiasta, propositiva y activa colaboración y evaluación.

Partimos en nuestra reflexión, guiados por la más pura tradición y fundamento cristiano, recordando la frase del Maestro más sabio y humilde que ha iluminado el sendero de millones de seres humanos hacia el bien. Ese pensamiento, esa frase es contundente, sorprendente; parafraseándole: “Es un asesino aquel que llama a su hermano tonto o idiota”.

No lejos del contenido profundo de ella, se halla este otro pensamiento que fundamenta nuestra reflexión; igualmente, parafraseando al mismo Maestro: “Te agrada que los demás te traten bien; que te respeten, que no dañen tu honra, que no hablen mal de ti, que no tomen tus bienes, materiales o espirituales; que no te quiten lo que te pertenece, ¿verdad?  ¿Por qué tú no haces lo mismo con los demás?

Más allá del mini código de comportamiento que encierran los pensamientos anteriores, ¿cuál es el fundamento último del mismo? Para respondernos, no nos queda otro camino que la reflexión profunda en la esencia de todo ser humano: un destello de luz en el mundo, una chispa de divinidad, consciente de sí misma, digna de recibir respeto. Y este es nuestro primer tema de reflexión de contenido práctico: ¿Cómo lograr en nuestros niños, niñas y jóvenes que caigan en la cuenta de lo sagrado que es cada uno de sus compañeros, cada uno de los miembros de su familia, especialmente sus padres; los trabajadores, empleados de colegio, docentes del colegio y cada una de las personas que tiene el privilegio de compartir la existencia?

Para llegar a la vivencia más profunda de este valor, el respeto, la consideración, la estima por la persona en sí misma de los demás, comencemos por lo concreto, lo simple: enseñemos con palabras y con acciones, con nuestro discurso y con nuestro ejemplo a practicar el bien, el respeto en acciones sencillas, poniendo en práctica consejos sabios, de aquellos sabios antiguos: “¿Tienes algo que te prestaron? –Apresúrate a devolverlo”; ¿No te gusta que los demás  tomen tus cosas, sin tu consentimiento? –No las tomes tú.  

Si por desgracia tu pequeño niño o niña, porque aún no sabe discernir entre su mano derecha y su izquierda, entre el bien y el mal, e inclusive si ya no es tan pequeño, y  ha tomado y aparece en su mochila un objeto que no le pertenece, es tiempo de corregir; apresúrate a hacerlo con sabiduría y con amor, enseñándole sobre el bien y el mal, sobre la virtud y el vicio. Él, ella te lo van a agradecer.

Queridos padres de familia: esta reflexión elemental de convivencia es indispensable para sanear la sociedad. Nuestra sociedad en ciertos segmentos está enferma; enferma de codicia, de poder, de maltrato, de irrespeto a los demás, de irrespeto a lo que pertenece a los demás. Se ha generado una zona gris, claro-oscura, donde incluso los adultos no son capaces de diferenciar entre el bien y el mal.  Se requiere una gran cruzada de todos los segmentos sociales, especialmente de los espacios educativos, para cambiarla. Comencemos por lo más elemental, lo más simple, comencemos por el respeto, tanto a la persona del otro, como a sus bienes.

Silvia García